puertas

Mis puertas no tienen pomos

no tienen vanos

ni madera o hierro

Son puertas de carne

de miradas perdidas

de soles y tinieblas

Empiezan y acaban

en mí

pero se alargan en sombras

que gradúo

a voluntad

hacia otros ámbitos

no se si solo de este mundo

Quienes me hablan

saben que los añoro

que puedo dar la mano

la sonrisa y mi piel

un hombro donde dormir

o besar

el sonido de una voz

y más allá

una lágrima

Pero no me conocen

no me habitan

no entienden lo que susurro

ni a donde voy

cuando viajo

de puerta

en puerta

No me oyen cantar

me acogen sin preguntas

a pesar de tanto no saber

Yo acepto el trato

la vida de cada dia

como quien regala besos

y agradezco lo que recibo

Cómo vivir sin hacerlo

de truenos y algas

Una mirada basta

para descubrir mi sonido

Soy un trueno mudo

tapiz de rayos

desgastados

Ya no quemo

sólo me consumo

incandescente

sellando mis bordes

con jugo de cielo

del que se alimentan

los ogros y los dioses

Me he bañado sola

en el puro reflejo de los abetos

sabiendo que en otro momento

podría abrasarlos

solo con la mirada

Pero ya no

ya no quemo

buceo en mis luces

hasta tocar el fondo

allí donde las algas

son

más

azules

y se agarran al vapor

que mana

de lo que soy

de lo que quiero seguir siendo

hasta que

deje de amanecer aquí

Quizá en otro pozo

haya más luz

Nadie dice que no

de verbos y otros desnudos

Vuelvo
sobre mis pasos
para beber un poco de luz

creo
que puedo elegir mi destino
entonces

abro
los ojos
y no hay pasos

pienso
en Machado
en sus caminos sobre la mar

me río
de la espuma
y las estelas

miro
mis pies desnudos
mi piel desnuda
mi pelo desnudo

se
que no hay
otro modo de andar

imito
a los gorriones
y las manzanas

me dejo
rodar
caer del árbol
sobre la tierra dura

quiero
gritar o amar
besar y sudar
rezar llorar dormir
vomitar
palabras sobre el papel

imagino
que pétalos
pero son solo palabras
cosidas de amor
bañadas en lo que soy

almíbar
que condensa
cada uno de mis días

perfume
de mil pieles
de todo lo que he sido
o pueda ser
Y me acompaña

terciopelo

Ese terciopelo

que me acaricia

por dentro

regando todos mis rincones.

Ese anclaje a lo denso

lo que palpita

y muere cada día

sin elevar la voz

abriéndose paso por las venas

al galope templado.

Ese rojo oscuro

líquido de dioses

donde se escriben

las notas de mis antepasados

y las canciones que entono

a mi manera

como un canto de aves

o murciélagos

ebrios de noche y círculos.

Esa gota infinita

que jamás me abandona

y que comparto con los mios

para descubrirme en ellos

espejo de amor y adene cósmico.

Cuánta sangre tengo todavía

para ilustrar mis días

y doblegar los años.

Cómo se pasan las ojas

del libro que escribo en mi piel.

Cada página un suspiro.

Cada punto y aparte un comienzo.

Ya no creo en las comas

no enumero

simplifico las aches

me bebo las mayúsculas.

Creo solo en el poder de la sangre

que a bocanadas

me regalo

cada día que amanezco.

Y agradezco.

*Pido excusas a la RAE por beberme la h de este poema y comerme las comas.

donde las olas

Estoy aquí

donde el aire se vuelve azul

para morir flotando.

La piel ya no resiste más recuerdos

y me deja libre,

roto el borde de mi sombra.

Este cuerpo ya no oculta nada.

Los ojos se duermen hacia adentro,

ajenos a las luces,

explorando las oscuridades

donde resido y callo.

Es frágil, mi cuerpo,

cuánto me ha ofrecido,

y cómo le he alimentado.

Ahora tiembla mientras se me escapa,

cáscara amorosa

de lo que ya no soy.

Sin huesos que lo sostengan,

sin besos ni lágrimas,

lo ha olvidado todo

y no se encuentra,

salvo en esta calma

vacia de ecos o perfiles.

He regalado al cielo,

el dolor de los músculos,

el color de la sangre,

todo lo que fui y podría ser,

para quedarme aquí,

en los huecos del aire

que todavía respiro.

Donde no cabe nada

y se vierte mi mundo

suavemente,

en olas que van y vuelven

Y

no

se

acaban

nunca.

 

 

 

perfiles

No se dónde empieza mi sombra

o dónde acabo yo.

La vida me sigue como un perro

que no sabe detenerse,

olisquea mis pies y lame los dedos,

me enerva con sus caricias torpes

y me llora cuando muero,

cada noche, entre las sábanas.

 

No se porqué sueño con perfiles

que se enredan en mis tobillos.

Sombras, sonidos y ecos

de lo que no comprendo ni me conoce.

Están ahí, porque los veo.

Y ellos ¿me ven a mi?

Sabe el borde de la cama quién soy?

Afino el oído y la mirada

para sorprenderlos en la noche;

los persigo por las esquinas de la mente,

atesoro sus huellas

y se me escapan,

dejándome sólo el filo

de su contorno.

 

Así que me dejo llevar,

me vuelvo yo misma perfil,

borde, alero y hasta humo,

porque ni encuentro mi forma a veces

ni el color de mis ojos en el espejo.

 

Entonces es cuando descubro

que mi levedad es aparente

y el peso que me conforma

es el mismo que me sostiene

sobre la tierra,

que mansa,

me recoge y se me clava en los pies,

para avisarme.

 

 

signos

Hay palabras que nos unen,

como cadenas de luz.

Son las que me gusta paladear en silencio

y repetir en voz alta,

cuando ya son mías.

 

Palabras compañeras de viaje,

con puntos y comas

para arropar un te quiero

y puntos finales para las despedidas.

 

Hay guiones entre los que vivimos,

puntos suspensivos que me gustaría explorar,

palabras azules para dejarte en los labios.

 

Porque sólo hay eso,

regalos de la lengua en los oídos,

cielos, lágrimas y palabras,

más palabras,

siempre las palabras

y la piel que se extiende entre unos y otros.

desde el agua

En ese lugar
donde el agua era más cristalina,
brotó el cuchillo.

Con él me corté la lengua,
para que las palabras fluyeran en silencio.

Después, liberé mis manos,
y descubrí la suavidad de las muñecas.

Luego tallé un corazón dentro del mío,
y el viento lo traspasó de golpe.

Y cuando quise vaciar mis ojos,
el cuchillo se deshizo en el fondo,

donde nada pesa y el barro es más puro.

resbalando, poemacuento

No es cuestión de caminar erguido.

Se puede resbalar

plácidamente,

y dejar que los pies

se hagan de hielo

sobre las aceras.

Un hombre se tornó escarcha

cuando olvidó el canto de su alma

y las cigüeñas le vaciaron la mirada.

Pero aprendió a resbalar

Cantando con labios nuevos

las viejas canciones.

Los hilos de su historia le envolvieron,

tiñendo de blanco sus pensamientos.

Cuando quiso caminar al alba,

Ciego y hambriento de luz,

no encontró sus huellas.

Habían volado lejos,

como pavesas o copos.

Extendió los dedos para acariciarlas.

A sus pies se desplegó un mensaje,

desnudo y caliente.

Y le quemó las plantas.

las cuentas claras

Cuando la conciencia se estremece

y nos eleva en los hilos de la infancia,

recordamos canciones de talco y hierbabuena,

golondrinas como saetas

y caramelos en los bolsillos.

Éramos los mismos con almas ligeras,

entonando canciones prendidas del cielo

a la hora de los bordes dorados.

Elegimos los momentos, nunca los caminos.

Somos valerosos guerreros del presente.

Armados de lágrimas, sueños y cadenas,

avanzamos,

dibujando día a día nuestra historia

con tizas de colores antiguos.

Aquellos que entonces nos mancharon los dedos

y ahora nos definen

a la dulce hora de bordes apagados.