caídos

Ésta fue mi casa.

La nuestra también.

Ésta fue mi sombra,

que compartimos sin preguntas.

Y ésta la ventana

desde la que contemplábamos el mundo.

Una mañana te fuiste y no hice nada.

Solo me asomé,

como otras veces.

Y solo vi tu espalda.

a salvo

Hay momentos entre paréntesis.

Lugares donde existir.

Espacios entre los mundos,

en los que me refugio cada madrugada.

Atisbo desde allí las otras esquinas.

Y suspiro con el sabor

de las lágrimas en la garganta.

No busco seguridad,

ni persigo escondites.

Sólo grietas para contemplar

con otros ojos,

el presente donde habito.

sin título

No hay titulo para la soledad.

Ni hay soledad que no desee llevar un nombre que la acaricie.

Un nombre que no será el mío, ni el tuyo.

La soledad se merece otro,

no fuimos capaces de convertirla en algo diferente.

Crecimos solos, junto a ella,

un trío de amorosos solitarios,

que se rozaban una y otra vez,

sin darle cuerpo a la idea,

ni ideas capaces de reencontrarse en el cuerpo.

Soledad se irguió única entre nosotros.

Hermosa, eterna e innombrable.

Porque hay nombres que nos pueden

y no nos atrevemos apenas ni a escribirlos.