de sombras y luces

Me siento sobre las sombras

donde descanso sin peso.

Mi hogar es una nube de humo

y el fuego de lo que fui me ilumina

cuando lo miro de frente.

Cuesta creer que han pasado los años.

Apenas me queda cuerpo

solo huesos de sombras

y labios que desnudan las palabras.

Cuento cada minuto como las cerezas

entre los dientes.

Nunca me canso.

Entre las sombras, los días son eternos.

Me siento y los saboreo.

 

dos mundos

Sólo veo dos. Pero son más.

Estos, me acompañan ahora,

Alimentándome de blanco y espuma.

No entiendo un mundo sin mundos.

Acepto que he de morir, algún día.

No me llevaré nada, salvo aquello

que se guarda en el alma

y sabe a sal, vino y sangre.

Mi esencia se baña

en todas las esencias.

Cada mundo esconde otro.

Cada día me escondo de mí misma,

para despertar de nuevo.

Una mañana tras otra.

afilándome

Me afilo cuando los amaneceres me oscurecen.

Alargo las entrañas hacia adentro

curioseando lo que me identifica.

Separo mis realidades en divinas secciones,

y saboreo lo más sagrado que atesoro.

Me descubro ligera, flotante,

una medusa aérea

que cabalga las profundas cavidades del yo.

Rodeada de algas danzantes,

me aferro a las esquinas del alma,

porque soy criatura marina y temerosa,

por mucho que las sirenas me susurren al oído.

Es entonces que me ilumino

en lo más hondo del miedo,

alargándome como coral afilado.

Con el filo de lo que me asusta

corto mis ataduras.

Y salto.

no se

No se por qué no te esperé.

Había imaginado todo.

Tus ojos, las palabras que nos diríamos.

El olor de tu cuello, cuando te abrazara.

Sabía cuál sería el tono de tu voz,

el tacto de tu jersey azul

y el color de la vieja bufanda que compramos juntos.

Sabía que me dirías hola,

con una mirada suave, entornando las pestañas,

como si me vieras por primera vez.

Siempre por primera vez.

Me levanté y contemplé mis pasos,

alejándose del banco.

Nunca más por primera vez.

Porque los años están llenos de minutos,

que cuentan como soles.

Y los soles se deshacen cuando no los recuerdas.

Te regalo nuestro banco,

ahora que está lleno de nosotros.

Y de todas las veces que nos recogió,

humilde y amable.

Como tu.

caídos

Ésta fue mi casa.

La nuestra también.

Ésta fue mi sombra,

que compartimos sin preguntas.

Y ésta la ventana

desde la que contemplábamos el mundo.

Una mañana te fuiste y no hice nada.

Solo me asomé,

como otras veces.

Y solo vi tu espalda.

a salvo

Hay momentos entre paréntesis.

Lugares donde existir.

Espacios entre los mundos,

en los que me refugio cada madrugada.

Atisbo desde allí las otras esquinas.

Y suspiro con el sabor

de las lágrimas en la garganta.

No busco seguridad,

ni persigo escondites.

Sólo grietas para contemplar

con otros ojos,

el presente donde habito.

de espaldas

Cuesta vivir de espaldas.

Nacen jorobas en la frente.

Cejas entre los omóplatos.

Y dientes en los talones.

De espaldas, no se ven las colinas.

El mar se escapa por el rabillo del ojo

y pasa de largo, rozándote el pelo.

Cuántas olas perdidas…

Cuántas palabras contra tus labios…

Cómo anhelo el horizonte, mientras contemplo los zócalos de todo.

Aprender a darme la vuelta.

Vivir de frente. Amar de frente.

Besar de frente, mirándote a los ojos…

Y reconocer las alas en mi espalda.

rompiendo

Contra las rocas,
contra el viento. Arremeter con los fantasmas de espuma blanca, los que brotan de dentro y quieren ahogar y ahogarse.

Contra las rocas,

contra el viento.

Arremeter con los fantasmas de espuma blanca,

los que brotan de dentro y quieren ahogar y ahogarse.

Romper con los dedos afilados,

negros dedos mojados de lágrimas.

Romper con la que fui y no quiero seguir siendo,

harta de olas y arenas.

Dejar que el cuerpo se espume,

el alma se ablande y las cáscaras del corazón

se trituren en carcajadas de gaviotas.

 

santos

Al principio, no me había fijado. Pero allí estaba, gritando su historia a quien quisiera fijarse. Un cubo de fregona en medio de un portal cualquiera de Madrid. El dueño, había salido a tomar un café. Al volver, fue tan amable de apartar el cubo, para que la foto quedara “bonita de verdad”.

El sol, marcando su espacio,

con precisión angular sobre la sombra.

Dentro del mundo, sólo estaba él.

Y esa pausa que decidió tomarse.

La vida entera cabía en un cubo,

donde cada mañana enjuagaba sonrisas retozonas.

Y el polvo del plumero,

le coronaba como a los santos.

desencuentros

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Ella soñaba con zapatillas y sopa.

El, con vino y sonrisas.

Ya en casa, la cazuela la observó

con su ojo vacío.

 

Frente al espejo,

los labios de él dibujaron sólo una mueca.

Pero mucho antes,

en aquel vagón,

vivieron un amor sin palabras.

Un pin pon de miradas,

sonrisas, vinos y sopas

que nunca se tomarían juntos.

Y eligieron mirar hacia otro sitio.