y qué

Y qué

si las palabras

a veces nos olvidan

se escapan como peces

y nadan más profundo

Y qué

si lo que fuimos

ya nunca puede ser

se vuelve

nube o cielo

o se deshace en lluvia

Y qué

si ya no hay ojos

pieles o besos

porque perdí los mapas

para encontrarlos

Se que puedo

subir a ese cielo

arañar su barriga

y recibir estrellas

O perderme

en mil túneles

hundir los dedos en la tierra

y oler mi oscuridad

Ya he nacido

ya he muerto

y vuelto tantas veces

que juego con mi nombre

mi alma

y mis verdades

y las regalo al viento

si me lo pide

Y qué

si un día

mañana o quizá nunca

decido

no

volver

(Tú me esperarías

Sabes

que voy

y vengo

y solo me miras

Y sabes)

tombuctú


Donde el camino se desdibuja
y se convierte en horizonte
A esa hora
en que las mariposas
se desvelan
y solo resuena en el aire 
el eco del olvido

Allí donde las sirenas
se peinan con púas de ballenas
y olvidan sus escamas en las rocas
diré tres veces
tu nombre 


Tombuctú
Tombuctú
Tombuctú


Y desataré 
todas mis velas
morderé el aire
batiéndome en mil fuegos
hasta desvelarte
por completo
lejos del océano 
que eres
que soy

Y lejos

mucho más lejos

ya ni lo recuerdo


tu voz desnudará vientos
hasta llegar a mi orilla
vestida de redes
arena y espumas
despertándome
una vez
y otra
anegándome
hasta reconocer
en lo más oscuro
la primera mirada


Y volveré a ser yo
solo yo
inmensamente

yo 


en una playa

en esa playa

que me recoge

y donde nunca dejo

de encontrarme

puertas

Mis puertas no tienen pomos

no tienen vanos

ni madera o hierro

Son puertas de carne

de miradas perdidas

de soles y tinieblas

Empiezan y acaban

en mí

pero se alargan en sombras

que gradúo

a voluntad

hacia otros ámbitos

no se si solo de este mundo

Quienes me hablan

saben que los añoro

que puedo dar la mano

la sonrisa y mi piel

un hombro donde dormir

o besar

el sonido de una voz

y más allá

una lágrima

Pero no me conocen

no me habitan

no entienden lo que susurro

ni a donde voy

cuando viajo

de puerta

en puerta

No me oyen cantar

me acogen sin preguntas

a pesar de tanto no saber

Yo acepto el trato

la vida de cada dia

como quien regala besos

y agradezco lo que recibo

Cómo vivir sin hacerlo

de verbos y otros desnudos

Vuelvo
sobre mis pasos
para beber un poco de luz

creo
que puedo elegir mi destino
entonces

abro
los ojos
y no hay pasos

pienso
en Machado
en sus caminos sobre la mar

me río
de la espuma
y las estelas

miro
mis pies desnudos
mi piel desnuda
mi pelo desnudo

se
que no hay
otro modo de andar

imito
a los gorriones
y las manzanas

me dejo
rodar
caer del árbol
sobre la tierra dura

quiero
gritar o amar
besar y sudar
rezar llorar dormir
vomitar
palabras sobre el papel

imagino
que pétalos
pero son solo palabras
cosidas de amor
bañadas en lo que soy

almíbar
que condensa
cada uno de mis días

perfume
de mil pieles
de todo lo que he sido
o pueda ser
Y me acompaña

verdad (y otras mentiras)

Es una esfera imperfecta,

un deja vu sereno

la tibieza que se eleva desde el centro

con sabor a heno y a tinieblas

Un cascabel que agita el cielo

es el color de las encinas

el dolor de la sal

cuando escuece en la lengua

Son las palabras

que golpean

puntas de cristal

que me abren en dos

en tres

en cientos

tallada por tanta verdad

que anhelo las mentiras

algodones que echo a volar

cuando despierto

y por qué no

besos que lanzo al aire

mariposas locas

por puro placer

de liberar lo que guardo

y no comprendo

Son en fin

mis verdades solas

náufragas de tierra

donde anclarse

para dormir

el sueño de estar viva.

del tiempo

Se han caido

las horquillas del tiempo

y la melena

se libera sin rumbo

por las rendijas

de las horas

Hay humo blanco

de segundos

que se agotan

de sueño

Todo está aquí

siglos y meses

me cubren

como una manta suave

Voy descalza

por senderos antiguos

pensando en

el vientre del que procedo

nacida ahora

anciana de sombras

mil veces enredada

en esta hora

misma y breve

eterna de silencios

donde las margaritas

crecen al revés

buceando sus corolas

hacia la tierra.

Me dejo mecer

sin pausas

curvándome

en todos los sentidos

Más sabe el aire

de mí

que yo misma.

de caballos y cometas

(Por amor a Patty S, que siempre viene al rescate cuando la necesito)

Dura es la roca

mis cascos relinchan

chispas de luz

y yo galopo

galopo

mordiendo la piedra

con fuego ardo

con rabia

galopo

por mi deseo insano

de rasgar el camino

si pudiera mordería las nubes

para dejar mi aliento en ellas

galopo

galopo y río

de mi

de mis yoes

de mis vidas

como cáscaras

quedan atrás

y me bebo las lágrimas

y me bebo

los propios labios

a carcajadas

hiero el aire

con mis pulmones

y dejo estela

estela de oro

y piedras molidas

como el cometa

que jamás se detiene

porque detenerse

es morir

pulverizado.

lo que no se

Cada vez que cierro los ojos,
sueño.
Con dragones y loros,
seres que Alicia amaría
sin reservas.

Sueño con ratas y nubes
pasajeras de mis noches,
y muertos que acuden en tropel
a hacerse oír entre las sábanas.

De los dragones
aprendí a comer fuego,
a deshacer nudos con las garras,
a volar sobre los pantanos.

De los loros
a vestirme de colores
y a repetir los silencios
mordiendo los barrotes.

De las ratas,
que todo lo que me alimenta
es bienvenido.
Y a moverme entre los túneles
sin miedo.

Pero son los muertos
quienes más me enseñan,
enredados en mis pies,
para no echar a volar
antes de lo previsto.

Ahora conozco por fin
cómo suena el corazón
entre dos aguas
-la del sol y la del sueño-
cuando despierto
y me dispongo
a cubrir mi fragilidad
con corazas de papel.

Cada verso
me descubre lo que no se
aquello que busco
y pierdo cada vez
bendito sea
por ocultarse tanto.

Y sueño.

estrella

Sabiendo lo que soy

no me extraño aún

de no quemarme viva,

ni a otras pieles.

Creo que las piedras y cristales

son más suaves que yo,

pero aún sabiendo,

he decidido hacerme agua de luz,

entibiar las noches

con nebulosas grises

y apuntilladas,

reorganizar mi estela,

acunando mi masa de tal modo,

que los musgos aniden a sus anchas

y las luciérnagas se apaguen

con mis cantos.

No soy sirena, pero cruzo los mares

negros del cielo

abriéndolos en dos para tocar el fondo

y acaricio la plata de la luna

en todas las escamas de los peces.

He de decir, en fin, que nunca lloro,

fulmino las lágrimas a besos

y me deslizo sin miedo entre tus brazos

cuando cierro los ojos

y me sueño.

terciopelo

Ese terciopelo

que me acaricia

por dentro

regando todos mis rincones.

Ese anclaje a lo denso

lo que palpita

y muere cada día

sin elevar la voz

abriéndose paso por las venas

al galope templado.

Ese rojo oscuro

líquido de dioses

donde se escriben

las notas de mis antepasados

y las canciones que entono

a mi manera

como un canto de aves

o murciélagos

ebrios de noche y círculos.

Esa gota infinita

que jamás me abandona

y que comparto con los mios

para descubrirme en ellos

espejo de amor y adene cósmico.

Cuánta sangre tengo todavía

para ilustrar mis días

y doblegar los años.

Cómo se pasan las ojas

del libro que escribo en mi piel.

Cada página un suspiro.

Cada punto y aparte un comienzo.

Ya no creo en las comas

no enumero

simplifico las aches

me bebo las mayúsculas.

Creo solo en el poder de la sangre

que a bocanadas

me regalo

cada día que amanezco.

Y agradezco.

*Pido excusas a la RAE por beberme la h de este poema y comerme las comas.