caídos

Ésta fue mi casa.

La nuestra también.

Ésta fue mi sombra,

que compartimos sin preguntas.

Y ésta la ventana

desde la que contemplábamos el mundo.

Una mañana te fuiste y no hice nada.

Solo me asomé,

como otras veces.

Y solo vi tu espalda.

santos

Al principio, no me había fijado. Pero allí estaba, gritando su historia a quien quisiera fijarse. Un cubo de fregona en medio de un portal cualquiera de Madrid. El dueño, había salido a tomar un café. Al volver, fue tan amable de apartar el cubo, para que la foto quedara “bonita de verdad”.

El sol, marcando su espacio,

con precisión angular sobre la sombra.

Dentro del mundo, sólo estaba él.

Y esa pausa que decidió tomarse.

La vida entera cabía en un cubo,

donde cada mañana enjuagaba sonrisas retozonas.

Y el polvo del plumero,

le coronaba como a los santos.

desencuentros

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Ella soñaba con zapatillas y sopa.

El, con vino y sonrisas.

Ya en casa, la cazuela la observó

con su ojo vacío.

 

Frente al espejo,

los labios de él dibujaron sólo una mueca.

Pero mucho antes,

en aquel vagón,

vivieron un amor sin palabras.

Un pin pon de miradas,

sonrisas, vinos y sopas

que nunca se tomarían juntos.

Y eligieron mirar hacia otro sitio.