azahar, poemacuento

Se levantó a las cuatro.

A las cinco, tenía la furgoneta rebosante de naranjas.

A las seis, estaban dispuestas en cajas de madera con la leyenda: “Cosas del Azahar”.

De seis a siete, meditó mientras contemplaba toda aquella simetría de rabitos, esferas doradas y aromas de huerta valenciana.

Podía existir algo más hermoso?

A las siete cuarenta y cinco hizo el reparto en aquel domicilio. La conoció.

Y su pregunta encontró una respuesta a las ocho.

un cuento

Un día, el árbol bostezó. Abrió su boca musgosa, y todo el bosque supo que deseaba morir.

Hablaron largo y tendido acerca de cómo ayudarle.

Un mirlo bailó en su rama durante la noche entera. Un gran sacrificio, porque los mirlos jamás se levantan antes de las siete.

Fue inútil. El árbol emitió otro bostezo, inundando el aire de aroma a moho y a libélulas dormidas.

Una liebre excavó en sus raíces y luego, ratones y culebras vertieron en el profundo hueco lágrimas y orín, una ofrenda irresistible. Como respuesta, el árbol dejó caer tres hojas arrugadas, que todos contemplaron con tristeza.

Entonces, después de varios días de viaje, un caracol se asomó al borde de la inmensa boca. Y sin decir nada, se lanzó al vacío.

En ese momento, el árbol abrió los ojos y dijo: he soñado que me tragaba una estrella.

de caricias y besos

No me besaste nunca sin acariciarme.

Las manos eran pájaros viejos

que no tenían filos,

sólo plumas de aire.

No me tocaste nunca sin decirme niña.

porque eso fui yo siempre a tu lado.

Me contabas palabras y sombras,

hablándome en un idioma que desconocía,

porque tu vida estaba en otra parte, siempre.

Tuve que aprender a olvidar tu pasado,

cuando te marchaste un día,

sin despedirte.

de sombras y luces

Me siento sobre las sombras

donde descanso sin peso.

Mi hogar es una nube de humo

y el fuego de lo que fui me ilumina

cuando lo miro de frente.

Cuesta creer que han pasado los años.

Apenas me queda cuerpo

solo huesos de sombras

y labios que desnudan las palabras.

Cuento cada minuto como las cerezas

entre los dientes.

Nunca me canso.

Entre las sombras, los días son eternos.

Me siento y los saboreo.

 

dos mundos

Sólo veo dos. Pero son más.

Estos, me acompañan ahora,

Alimentándome de blanco y espuma.

No entiendo un mundo sin mundos.

Acepto que he de morir, algún día.

No me llevaré nada, salvo aquello

que se guarda en el alma

y sabe a sal, vino y sangre.

Mi esencia se baña

en todas las esencias.

Cada mundo esconde otro.

Cada día me escondo de mí misma,

para despertar de nuevo.

Una mañana tras otra.

afilándome

Me afilo cuando los amaneceres me oscurecen.

Alargo las entrañas hacia adentro

curioseando lo que me identifica.

Separo mis realidades en divinas secciones,

y saboreo lo más sagrado que atesoro.

Me descubro ligera, flotante,

una medusa aérea

que cabalga las profundas cavidades del yo.

Rodeada de algas danzantes,

me aferro a las esquinas del alma,

porque soy criatura marina y temerosa,

por mucho que las sirenas me susurren al oído.

Es entonces que me ilumino

en lo más hondo del miedo,

alargándome como coral afilado.

Con el filo de lo que me asusta

corto mis ataduras.

Y salto.

caídos

Ésta fue mi casa.

La nuestra también.

Ésta fue mi sombra,

que compartimos sin preguntas.

Y ésta la ventana

desde la que contemplábamos el mundo.

Una mañana te fuiste y no hice nada.

Solo me asomé,

como otras veces.

Y solo vi tu espalda.

a salvo

Hay momentos entre paréntesis.

Lugares donde existir.

Espacios entre los mundos,

en los que me refugio cada madrugada.

Atisbo desde allí las otras esquinas.

Y suspiro con el sabor

de las lágrimas en la garganta.

No busco seguridad,

ni persigo escondites.

Sólo grietas para contemplar

con otros ojos,

el presente donde habito.

sin título

No hay titulo para la soledad.

Ni hay soledad que no desee llevar un nombre que la acaricie.

Un nombre que no será el mío, ni el tuyo.

La soledad se merece otro,

no fuimos capaces de convertirla en algo diferente.

Crecimos solos, junto a ella,

un trío de amorosos solitarios,

que se rozaban una y otra vez,

sin darle cuerpo a la idea,

ni ideas capaces de reencontrarse en el cuerpo.

Soledad se irguió única entre nosotros.

Hermosa, eterna e innombrable.

Porque hay nombres que nos pueden

y no nos atrevemos apenas ni a escribirlos.

 

 

rompiendo

Contra las rocas,
contra el viento. Arremeter con los fantasmas de espuma blanca, los que brotan de dentro y quieren ahogar y ahogarse.

Contra las rocas,

contra el viento.

Arremeter con los fantasmas de espuma blanca,

los que brotan de dentro y quieren ahogar y ahogarse.

Romper con los dedos afilados,

negros dedos mojados de lágrimas.

Romper con la que fui y no quiero seguir siendo,

harta de olas y arenas.

Dejar que el cuerpo se espume,

el alma se ablande y las cáscaras del corazón

se trituren en carcajadas de gaviotas.