de amor y peces

Me preguntas el nombre y me conviertes

en otro ser que la memoria esquiva.

Miras sin luz, enciendes lengua viva

y apagas el deseo de otra muerte.

Juegas con Dios, te aferras a tu suerte,

a esa presencia de la piel altiva,

al olor de la luna fugitiva

y al ritmo de los huesos, que es tan fuerte…

Y con un canto de flores me redimes,

te abres paso con besos sin ruido,

los labios sellas, los sentidos meces.

Quién eres, me preguntas sin voz, dime…

Yo olvido lo que soy o quién he sido

y me sumerjo en el estanque de tus peces.

esquinados

Teníamos una vida,

una esquina y dos relojes

que marcaban la hora con siete minutos de diferencia.

Ese fue siempre nuestro amado desajuste.

Tus segundos y los míos se desencontraban

cada día, en la misma esquina.

Y tu sombra se cruzaba con la mía cuando llegabas.

Yo me alejaba, camino de la casa

donde jamás nos encontrábamos.

Tu acariciabas la piel que me dejaba colgada en el armario

y me ponía, al día siguiente,

repleta de besos.

Yo te planchaba las camisas

con la mirada perdida,

preguntándome a quien pertenecían.

Jugamos a ser una pareja

sin saber que teníamos aún

los nombres por estrenar

Y la vida todavía no nos había encontrado.