resbalando, poemacuento

No es cuestión de caminar erguido.

Se puede resbalar

plácidamente,

mientras dejas que los pies

se hagan de hielo sobre las aceras.

Una leyenda dice

que un hombre se tornó escarcha

cuando olvidó el canto de su alma

y las cigüeñas le vaciaron la mirada.

Pero aprendió a resbalar cantando

con labios nuevos las canciones viejas.

Y los hilos de su historia le

envolvieron, tiñendo de blanco sus pensamientos.

Cuando quiso caminar al alba, ciego

y hambriento de luz, no encontró sus huellas.

Habían volado lejos, como pavesas o copos. No sabía distinguirlas.

Entonces, extendió los dedos para acariciarlas.

A sus pies se desplegó un mensaje, desnudo y caliente.

Y le quemó las plantas.

la primera mañana

La primera mañana después de no verte,

fue increíblemente igual a las otras.

Salió el sol. Y me alumbró,

de la misma forma que lo había hecho hasta ahora.

Cerré los ojos.

No se porqué, ya no estabas.

El sol me calentó los párpados.

Como siempre.

preguntas

Un soneto es la mejor medicina para vencer los miedos de lanzarme a publicar este blog. Allá va.

¿Con qué voy a llenar las cavidades

que resuenan vacías en mi alma?

¿De dónde brotará la piel que calma

el fuego que no arde en mis ciudades?

¿Quién dará la señal? ¿Qué enfermedades

me quemarán de fiebre?¿Cuántas camas

soñarán que me acunan con sus llamas?

Nadie sabe tanto de hielo ni de tardes

donde el delirio cálido no asoma.

Quiero probar la savia de otros labios,

quebrarme entre sollozos que alguien doma,

beber mi propia sangre de paloma

herida ya en el cielo por un sabio

amor que nada sabe y todo toma.