lo que no se

Cada vez que cierro los ojos,
sueño.
Con dragones y loros,
seres que Alicia amaría
sin reservas.

Sueño con ratas y nubes
pasajeras de mis noches,
y muertos que acuden en tropel
a hacerse oír entre las sábanas.

De los dragones
aprendí a comer fuego,
a deshacer nudos con las garras,
a volar sobre los pantanos.

De los loros
a vestirme de colores
y a repetir los silencios
mordiendo los barrotes.

De las ratas,
que todo lo que me alimenta
es bienvenido.
Y a moverme entre los túneles
sin miedo.

Pero son los muertos
quienes más me enseñan,
enredados en mis pies,
para no echar a volar
antes de lo previsto.

Ahora conozco por fin
cómo suena el corazón
entre dos aguas
-la del sol y la del sueño-
cuando despierto
y me dispongo
a cubrir mi fragilidad
con corazas de papel.

Cada verso
me descubre lo que no se
aquello que busco
y pierdo cada vez
bendito sea
por ocultarse tanto.

Y sueño.

a la noche

A la noche,

a la noche y sus alas,

aligerando las líneas

y los contornos

para que no haya nada.

Noche de hilos de luna,

de ilusiones y luces vagas.

Noche lavada de estrellas

noche sin dientes,

pura noche desnuda,

para que no te sueñe,

para que no te duerma

bajo la almohada.

A la noche de olas blancas,

de lazos y olores,

y al vaivén que se eleva

desde los labios y alumbra el alma.

A esta noche y a todas las mías.

A tu noche trasnochada de besos.

A mis días,

tan llenos de noche,

que me apagan la luz

al alba.