donde las olas

Estoy aquí

donde el aire se vuelve azul

para morir flotando

La piel ya no resiste más recuerdos

y me deja libre

roto el borde de mi sombra

Este cuerpo ya no oculta nada

los ojos se duermen hacia adentro

ajenos a las luces

explorando las oscuridades

donde resido y callo

Es frágil, mi cuerpo

cuánto me ha ofrecido

y cómo lo he alimentado

Ahora tiembla mientras se me escapa

cáscara amorosa

de lo que ya no soy

Sin huesos que lo sostengan

sin besos ni lágrimas

lo ha olvidado todo

y no se encuentra

salvo en esta calma

vacía de ecos o perfiles

He regalado al cielo

el dolor de los músculos

el color de la sangre

todo lo que fui y podría ser

para quedarme aquí

en los huecos del aire

que todavía respiro

Donde no cabe nada

y se vierte mi mundo

suavemente

en olas que van y vuelven

Y

no

se

acaban

nunca.

perfiles

No se dónde empieza mi sombra

o dónde acabo yo.

La vida me sigue como un perro

que no sabe detenerse,

olisquea mis pies y lame los dedos,

me enerva con sus caricias torpes

y me llora cuando muero,

cada noche, entre las sábanas.

 

No se porqué sueño con perfiles

que se enredan en mis tobillos.

Sombras, sonidos y ecos

de lo que no comprendo ni me conoce.

Están ahí, porque los veo.

Y ellos ¿me ven a mi?

Sabe el borde de la cama quién soy?

Afino el oído y la mirada

para sorprenderlos en la noche;

los persigo por las esquinas de la mente,

atesoro sus huellas

y se me escapan,

dejándome sólo el filo

de su contorno.

 

Así que me dejo llevar,

me vuelvo yo misma perfil,

borde, alero y hasta humo,

porque ni encuentro mi forma a veces

ni el color de mis ojos en el espejo.

 

Entonces es cuando descubro

que mi levedad es aparente

y el peso que me conforma

es el mismo que me sostiene

sobre la tierra,

que mansa,

me recoge y se me clava en los pies,

para avisarme.

 

 

signos

Hay palabras que nos unen,

como cadenas de luz.

Son las que me gusta paladear en silencio

y repetir en voz alta,

cuando ya son mías.

 

Palabras compañeras de viaje,

con puntos y comas

para arropar un te quiero

y puntos finales para las despedidas.

 

Hay guiones entre los que vivimos,

puntos suspensivos que me gustaría explorar,

palabras azules para dejarte en los labios.

 

Porque sólo hay eso,

regalos de la lengua en los oídos,

cielos, lágrimas y palabras,

más palabras,

siempre las palabras

y la piel que se extiende entre unos y otros.

desde el agua

En ese lugar
donde el agua era más cristalina,
brotó el cuchillo.

Con él me corté la lengua,
para que las palabras fluyeran en silencio.

Después, liberé mis manos,
y descubrí la suavidad de las muñecas.

Luego tallé un corazón dentro del mío,
y el viento lo traspasó de golpe.

Y cuando quise vaciar mis ojos,
el cuchillo se deshizo en el fondo,

donde nada pesa y el barro es más puro.

resbalando, poemacuento

No es cuestión de caminar erguido.

Se puede resbalar

plácidamente,

y dejar que los pies

se hagan de hielo

sobre las aceras.

Un hombre se tornó escarcha

cuando olvidó el canto de su alma

y las cigüeñas le vaciaron la mirada.

Pero aprendió a resbalar

Cantando con labios nuevos

las viejas canciones.

Los hilos de su historia le envolvieron,

tiñendo de blanco sus pensamientos.

Cuando quiso caminar al alba,

Ciego y hambriento de luz,

no encontró sus huellas.

Habían volado lejos,

como pavesas o copos.

Extendió los dedos para acariciarlas.

A sus pies se desplegó un mensaje,

desnudo y caliente.

Y le quemó las plantas.

esa noche

Esa noche,

me olvidé del amanecer.

De la lluvia, la suavidad,

de tu pelo y mi piel.

Esa noche, no hubo yo.

Ni luces, hojas o sonidos.

Olvidé mis pasillos y escaleras.

Me perdí en lo que no era.

Y nada era mío.

En esa inmensa noche,

me deshice.

Respiré oscuridad.

Con otras alas, me recompuse.

un cuento

Un día, el árbol bostezó. Abrió su boca musgosa, y todo el bosque supo que deseaba morir.

Hablaron largo y tendido acerca de cómo ayudarle.

Un mirlo bailó en su rama durante la noche entera. Un gran sacrificio, porque los mirlos jamás se levantan antes de las siete.

Fue inútil. El árbol emitió otro bostezo, inundando el aire de aroma a moho y a libélulas dormidas.

Una liebre excavó en sus raíces y luego, ratones y culebras vertieron en el profundo hueco lágrimas y orín, una ofrenda irresistible. Como respuesta, el árbol dejó caer tres hojas arrugadas, que todos contemplaron con tristeza.

Entonces, después de varios días de viaje, un caracol se asomó al borde de la inmensa boca. Y sin decir nada, se lanzó al vacío.

En ese momento, el árbol abrió los ojos y dijo: he soñado que me tragaba una estrella.

de caricias y besos

No me besaste nunca sin acariciarme.

Las manos eran pájaros viejos

que no tenían filos,

sólo plumas de aire.

No me tocaste nunca sin decirme niña.

porque eso fui yo siempre a tu lado.

Me contabas palabras y sombras,

hablándome en un idioma que desconocía,

porque tu vida estaba en otra parte, siempre.

Tuve que aprender a olvidar tu pasado,

cuando te marchaste un día,

sin despedirte.

de sombras y luces

Me siento sobre las sombras

donde descanso sin peso.

Mi hogar es una nube de humo

y el fuego de lo que fui me ilumina

cuando lo miro de frente.

Cuesta creer que han pasado los años.

Apenas me queda cuerpo

solo huesos de sombras

y labios que desnudan las palabras.

Cuento cada minuto como las cerezas

entre los dientes.

Nunca me canso.

Entre las sombras, los días son eternos.

Me siento y los saboreo.

 

dos mundos

Sólo veo dos. Pero son más.

Estos, me acompañan ahora,

Alimentándome de blanco y espuma.

No entiendo un mundo sin mundos.

Acepto que he de morir, algún día.

No me llevaré nada, salvo aquello

que se guarda en el alma

y sabe a sal, vino y sangre.

Mi esencia se baña

en todas las esencias.

Cada mundo esconde otro.

Cada día me escondo de mí misma,

para despertar de nuevo.

Una mañana tras otra.