resbalando, poemacuento

No es cuestión de caminar erguido.

Se puede resbalar

plácidamente,

mientras dejas que los pies

se hagan de hielo sobre las aceras.

Una leyenda dice

que un hombre se tornó escarcha

cuando olvidó el canto de su alma

y las cigüeñas le vaciaron la mirada.

Pero aprendió a resbalar cantando

con labios nuevos las canciones viejas.

Y los hilos de su historia le

envolvieron, tiñendo de blanco sus pensamientos.

Cuando quiso caminar al alba, ciego

y hambriento de luz, no encontró sus huellas.

Habían volado lejos, como pavesas o copos. No sabía distinguirlas.

Entonces, extendió los dedos para acariciarlas.

A sus pies se desplegó un mensaje, desnudo y caliente.

Y le quemó las plantas.

esa noche

Esa noche,

me olvidé del amanecer.

De la lluvia, la suavidad,

de tu pelo y mi piel.

Esa noche, no hubo yo.

Ni luces, hojas o sonidos.

Olvidé mis pasillos y escaleras.

Me perdí en lo que no era.

Y nada era mío.

En esa inmensa noche,

me deshice.

Respiré oscuridad.

Con otras alas, me recompuse.

rompiendo

Contra las rocas,
contra el viento. Arremeter con los fantasmas de espuma blanca, los que brotan de dentro y quieren ahogar y ahogarse.

Contra las rocas,

contra el viento.

Arremeter con los fantasmas de espuma blanca,

los que brotan de dentro y quieren ahogar y ahogarse.

Romper con los dedos afilados,

negros dedos mojados de lágrimas.

Romper con la que fui y no quiero seguir siendo,

harta de olas y arenas.

Dejar que el cuerpo se espume,

el alma se ablande y las cáscaras del corazón

se trituren en carcajadas de gaviotas.

 

la primera mañana

La primera mañana después de no verte,

fue increíblemente igual a las otras.

Salió el sol. Y me alumbró,

de la misma forma que lo había hecho hasta ahora.

Cerré los ojos.

No se porqué, ya no estabas.

El sol me calentó los párpados.

Como siempre.

dos

Conviérteme, amor, en otra.

Una que no te conozca.

Una que no te recuerde.

Ámame, amor, como a otra.

Pues no se quién soy,

ni de quién.

He olvidado tus labios, tu tacto.

He olvidado tu nombre y el mío.

Ya no quiero ser yo,

para que tus dedos me descubran de nuevo.

Ámame amor, otra vez.

Y recuerda lo que ya no somos.

Lo que nunca fuimos.

preguntas

Un soneto es la mejor medicina para vencer los miedos de lanzarme a publicar este blog. Allá va.

¿Con qué voy a llenar las cavidades

que resuenan vacías en mi alma?

¿De dónde brotará la piel que calma

el fuego que no arde en mis ciudades?

¿Quién dará la señal? ¿Qué enfermedades

me quemarán de fiebre?¿Cuántas camas

soñarán que me acunan con sus llamas?

Nadie sabe tanto de hielo ni de tardes

donde el delirio cálido no asoma.

Quiero probar la savia de otros labios,

quebrarme entre sollozos que alguien doma,

beber mi propia sangre de paloma

herida ya en el cielo por un sabio

amor que nada sabe y todo toma.