a la noche

A la noche,

a la noche y sus alas,

aligerando las lineas

y los contornos

para que no haya nada.

Noche de hilos de luna,

de ilusiones y luces vagas.

Noche lavada de estrellas

noche sin dientes,

pura noche desnuda,

para que no te sueñe,

para que no te duerma

bajo la almohada.

A la noche de olas blancas,

de lazos y olores,

y al vaivén que se eleva

desde los labios y alumbra el alma.

A esta noche y a todas las mías.

A tu noche trasnochada de besos.

A mis días,

tan llenos de noche,

que me apagan la luz

al alba.

 

 

de amor y peces

Me preguntas el nombre y me conviertes

en otro ser que la memoria esquiva.

Miras sin luz, enciendes lengua viva

y apagas el deseo de otra muerte.

Juegas con Dios, te aferras a tu suerte,

a esa presencia de la piel altiva,

al olor de la luna fugitiva

y al ritmo de los huesos, que es tan fuerte…

Y con un canto de flores me redimes,

te abres paso con besos sin ruido,

los labios sellas, los sentidos meces.

Quién eres, me preguntas sin voz, dime…

Yo olvido lo que soy o quién he sido

y me sumerjo en el estanque de tus peces.

esperas

Aconteció en esa época en la que no quedaban cisnes ni juncos.

Nos buscábamos en islas adormecidas de la ciudad, como náufragos que sólo se leían en los ojos del otro, enormes playas rotas por las olas.

Sin esquinas, a veces nos perdíamos juntos, flotando delante de un café o removiendo las hojas en los jardines. Mucho viento, mucho frío.  Y nuestras manos que se besaban, los dedos reviviendo el latido de los corazones.

Pájaros sin nido, encontrábamos migas debajo de las sábanas, detrás de las puertas grises de la memoria.

Y nos enamoramos de tanto esperarnos, dentro y fuera de la nada. Pero nunca nos importaba.

 

las horas muertas

Las horas se deshicieron en risas.

Primero, cálidas y luego azules.

La ventana se abría a las nubes

y cada dia era inacabable.

Por los minutos nos deslizamos desnudos de piel,

el alma abierta al suspiro y al miedo

de los que se saben humanos.

Pero no hubo sino besos y tinieblas de algodones

en medio de la nada más soleada.

Devoramos los segundos como gotas de miel.

Los tejados se cubrían de terciopelo

y el reloj se detuvo sólo para que

escucháramos su silencio.

Nos dimos las manos, el orgullo, el aliento.

Todos nuestros recuerdos volaron por la ventana.

Y nos bebimos el tiempo.

 

esquinados

Teníamos una vida,

una esquina y dos relojes

que marcaban la hora con siete minutos de diferencia.

Ese fue siempre nuestro amado desajuste.

Tus segundos y los míos se desencontraban

cada día, en la misma esquina.

Y tu sombra se cruzaba con la mía cuando llegabas.

Yo me alejaba, camino de la casa

donde jamás nos encontrábamos.

Tu acariciabas la piel que me dejaba colgada en el armario

y me ponía, al día siguiente,

repleta de besos.

Yo te planchaba las camisas

con la mirada perdida,

preguntándome a quien pertenecían.

Jugamos a ser una pareja

sin saber que teníamos aún

los nombres por estrenar

Y la vida todavía no nos había encontrado.