de caricias y besos

No me besaste nunca sin acariciarme.

Las manos eran pájaros viejos

que no tenían filos,

sólo plumas de aire.

No me tocaste nunca sin decirme niña.

porque eso fui yo siempre a tu lado.

Me contabas palabras y sombras,

hablándome en un idioma que desconocía,

porque tu vida estaba en otra parte, siempre.

Tuve que aprender a olvidar tu pasado,

cuando te marchaste un día,

sin despedirte.

santos

Al principio, no me había fijado. Pero allí estaba, gritando su historia a quien quisiera fijarse. Un cubo de fregona en medio de un portal cualquiera de Madrid. El dueño, había salido a tomar un café. Al volver, fue tan amable de apartar el cubo, para que la foto quedara “bonita de verdad”.

El sol, marcando su espacio,

con precisión angular sobre la sombra.

Dentro del mundo, sólo estaba él.

Y esa pausa que decidió tomarse.

La vida entera cabía en un cubo,

donde cada mañana enjuagaba sonrisas retozonas.

Y el polvo del plumero,

le coronaba como a los santos.