resbalando, poemacuento

No es cuestión de caminar erguido.

Se puede resbalar

plácidamente,

mientras dejas que los pies

se hagan de hielo sobre las aceras.

Una leyenda dice

que un hombre se tornó escarcha

cuando olvidó el canto de su alma

y las cigüeñas le vaciaron la mirada.

Pero aprendió a resbalar cantando

con labios nuevos las canciones viejas.

Y los hilos de su historia le

envolvieron, tiñendo de blanco sus pensamientos.

Cuando quiso caminar al alba, ciego

y hambriento de luz, no encontró sus huellas.

Habían volado lejos, como pavesas o copos. No sabía distinguirlas.

Entonces, extendió los dedos para acariciarlas.

A sus pies se desplegó un mensaje, desnudo y caliente.

Y le quemó las plantas.

de amor y peces

Me preguntas el nombre y me conviertes

en otro ser que la memoria esquiva.

Miras sin luz, enciendes lengua viva

y apagas el deseo de otra muerte.

Juegas con Dios, te aferras a tu suerte,

a esa presencia de la piel altiva,

al olor de la luna fugitiva

y al ritmo de los huesos, que es tan fuerte…

Y con un canto de flores me redimes,

te abres paso con besos sin ruido,

los labios sellas, los sentidos meces.

Quién eres, me preguntas sin voz, dime…

Yo olvido lo que soy o quién he sido

y me sumerjo en el estanque de tus peces.

palabras

Ser sereno.

Nada en la nada.

Bebe lo breve.

Vibra en la vida.

Halla la llama.

Las palabras son la clave

de lo que no sirve.

El vino que nos llena

de aire la boca.

Un sabor a talco que se diluye.

Mis palabras.

Las que no mojan tus labios.

Las que nunca te dije

y ahora o nunca escucharás.

Mis sonidos más oscuros

sin trampas ni lágrimas

tiñen hoy

este vacío añil, por decir algo.

Sin palabras te amé

porque no supe hacerlo

de otro modo.

Y hoy todo lo que me queda

bailotea entre signos

que ya no entiendo.

Te las regalo.

las cuentas claras

Cuando la conciencia se estremece

y nos eleva en los hilos de la infancia,

recordamos canciones de talco y hierbabuena,

golondrinas como saetas

y caramelos en los bolsillos.

Eramos los mismos con almas ligeras,

entonando canciones prendidas del cielo

a la hora de los bordes dorados.

Elegimos los momentos, nunca los caminos.

Somos valerosos guerreros del presente.

Armados de lágrimas, sueños y cadenas, 

avanzamos,

dibujando día a día nuestra historia

con tizas de colores antiguos.

Aquellos que entonces nos mancharon los dedos

y ahora nos definen

a la dulce hora de bordes apagados.
 

 

 

esperas

Aconteció en esa época en la que no quedaban cisnes ni juncos.

Nos buscábamos en islas adormecidas de la ciudad, como náufragos que sólo se leían en los ojos del otro, enormes playas rotas por las olas.

Sin esquinas, a veces nos perdíamos juntos, flotando delante de un café o removiendo las hojas en los jardines. Mucho viento, mucho frío.  Y nuestras manos que se besaban, los dedos reviviendo el latido de los corazones.

Pájaros sin nido, encontrábamos migas debajo de las sábanas, detrás de las puertas grises de la memoria.

Y nos enamoramos de tanto esperarnos, dentro y fuera de la nada. Pero nunca nos importaba.

 

las horas muertas

Las horas se deshicieron en risas.

Primero, cálidas y luego azules.

La ventana se abría a las nubes

y cada dia era inacabable.

Por los minutos nos deslizamos desnudos de piel,

el alma abierta al suspiro y al miedo

de los que se saben humanos.

Pero no hubo sino besos y tinieblas de algodones

en medio de la nada más soleada.

Devoramos los segundos como gotas de miel.

Los tejados se cubrían de terciopelo

y el reloj se detuvo sólo para que

escucháramos su silencio.

Nos dimos las manos, el orgullo, el aliento.

Todos nuestros recuerdos volaron por la ventana.

Y nos bebimos el tiempo.

 

de dorados y púrpuras

No hay dorado que no brille,

ni púrpura que no sangre.

La vida se mueve

entre ambos colores,

vibrante hoja donde nos escribimos

al abrir los ojos,

envueltos en la luz y el cálido zumo del vientre.

Alargando la mirada

conectamos con lo más hondo,

ese punto que nos hace infinitos.

Atomos de amor en oro adormecidos.

Vibro y mi sangre se vuelve luz.

Respiro.

 

esa noche

Esa noche,

me olvidé del amanecer.

De la lluvia, la suavidad,

de tu pelo y mi piel.

Esa noche, no hubo yo.

Ni luces, hojas o sonidos.

Olvidé mis pasillos y escaleras.

Me perdí en lo que no era.

Y nada era mío.

En esa inmensa noche,

me deshice.

Respiré oscuridad.

Con otras alas, me recompuse.

inicios

Cuando amas y comienzas,

al mismo tiempo sigues.

Te encadenas a una historia

llena de amor.

No el tuyo, ni el mio,

sino el de todos.

Cuando eliges amar,

te envuelve el hálito de lo eterno.

Y navegas por mares embravecidos

en una frágil barca,

sintiendo que el mar es más grande

de lo que jamás fueron tus sueños.

Sin amarres, sin timón,

ni siquiera salvavidas.

Porque en el amor sólo vale

el valor del navegante

y sus ganas de agua infinita.

 

Para Blanca, marinera valiente.

 

de pie

Tengo todo el tiempo para tomar asiento,

pero no lo hago.

Sentarse es como dejar de estar vivo.

Prefiero morir un poco cada día

caminando lentamente.

Tengo la lengua fácil,

el pie ligero

Me alumbran soles y me alimentan sombras.

La vida huele a hojas y se agita

como un cachorro mojado.

Contemplo este banco y no me siento.

Imagino a esa otra yo adormecida

suavemente,

la piel curtida por el sol.

Sola,

la espalda contra la piedra.

Y descubro la grandeza de sentarme.