del tiempo

Se han caido

las horquillas del tiempo

y la melena

se libera sin rumbo

por las rendijas

de las horas

Hay humo blanco

de segundos

que se agotan

de sueño

Todo está aquí

siglos y meses

me cubren

como una manta suave

Voy descalza

por senderos antiguos

pensando en

el vientre del que procedo

nacida ahora

anciana de sombras

mil veces enredada

en esta hora

misma y breve

eterna de silencios

donde las margaritas

crecen al revés

buceando sus corolas

hacia la tierra.

Me dejo mecer

sin pausas

curvándome

en todos los sentidos

Más sabe el aire

de mí

que yo misma.

lo que no sé

Cada vez que cierro los ojos
sueño
Con dragones y loros
seres que Alicia amaría
sin reservas

Sueño con ratas y nubes
pasajeras de mis noches
y muertos que acuden en tropel
a hacerse oír entre las sábanas

De los dragones
aprendí a comer fuego
a deshacer nudos con las garras
a volar sobre los pantanos

De los loros
a vestirme de colores
y a repetir los silencios
mordiendo los barrotes

De las ratas
que todo lo que me alimenta
es bienvenido
Y a moverme entre los túneles
sin miedo

Pero son los muertos
quienes más me enseñan
enredados en mis pies
para no echar a volar
antes de lo previsto

Ahora conozco por fin
cómo suena el corazón
entre dos aguas
-la del sol y la del sueño-
cuando despierto
y me dispongo
a cubrir mi fragilidad
con corazas de papel

Cada verso
me descubre lo que no sé
aquello que busco
y pierdo cada vez
bendito sea
por ocultarse tanto

Y sueño

estrella

Sabiendo lo que soy

me extraño aún

de no quemarme viva

ni a otras pieles

Las piedras y cristales

son más suaves que yo

Pero aún sabiendo

he decidido hacerme agua de luz

entibiar las noches

con nebulosas grises

y apuntilladas

reorganizar mi estela

acunando mi masa de tal modo

que los musgos aniden a sus anchas

y las luciérnagas se apaguen

con mis cantos

No soy sirena

pero cruzo los mares

negros del cielo

abriéndolos en dos para tocar el fondo

y acaricio la plata de la luna

en todas las escamas de los peces

He de decir en fin

que nunca lloro

fulmino las lágrimas a besos

y me deslizo sin miedo entre tus brazos

cuando cierro los ojos

y me sueño

terciopelo

Ese terciopelo

que me acaricia

por dentro

regando todos mis rincones

Ese anclaje a lo denso

lo que palpita

y muere cada día

sin elevar la voz

abriéndose paso por las venas

al galope templado

Ese rojo oscuro

líquido de dioses

donde se escriben

las notas de mis antepasados

y las canciones que entono

a mi manera

como un canto de aves

o murciélagos

ebrios de noche y círculos

Esa gota infinita

que jamás me abandona

y que comparto con los míos

para descubrirme en ellos

espejo de amor y adene cósmico

Cuánta sangre tengo todavía

para ilustrar mis días

y doblegar los años

Cómo se pasan las ojas

del libro que escribo en mi piel.

Cada página un suspiro

Cada punto y aparte un comienzo

Ya no creo en las comas

no enumero

simplifico las aches

me bebo las mayúsculas

Creo solo en el poder de la sangre

que a bocanadas

me regalo

cada día que amanezco

Y agradezco

*Pido excusas a la RAE por beberme la h de este poema y comerme las comas y los puntos

desde el agua

En ese lugar
donde el agua era más cristalina,
brotó el cuchillo.

Con él me corté la lengua,
para que las palabras fluyeran en silencio.

Después, liberé mis manos,
y descubrí la suavidad de las muñecas.

Luego tallé un corazón dentro del mío,
y el viento lo traspasó de golpe.

Y cuando quise vaciar mis ojos,
el cuchillo se deshizo en el fondo,

donde nada pesa y el barro es más puro.