dímelo tú

Dime porqué dos son mejor que uno.

Dime cuándo es necesario caminar juntos

y cuándo uno debe avanzar a su propio paso.

Dímelo.

No sé acompasar el pie al son del otro.

Nunca aprendí a detenerme ni a seguir la música.

Dime cómo deslizarme a su lado,

para recorrer el mundo en la misma danza.

Dímelo tú, que te atreves a bailar

con la ilusión del amor coloreando tus pies.

Dímelo hija mía.

Quiero aprender.

Llevo tiempo bailando descalza.

(Para Blanca)

no sé

No sé por qué no te esperé.

Había imaginado todo.

Tus ojos, las palabras que nos diríamos.

El olor de tu cuello, cuando te abrazara.

Sabía cuál sería el tono de tu voz,

el tacto de tu jersey azul

y el color de la vieja bufanda que compramos juntos.

Sabía que me dirías hola,

con una mirada suave, entornando las pestañas,

como si me vieras por primera vez.

Siempre por primera vez.

Me levanté y contemplé mis pasos,

alejándose del banco.

Nunca más por primera vez.

Porque los años están llenos de minutos,

que cuentan como soles.

Y los soles se deshacen cuando no los recuerdas.

Te regalo nuestro banco,

ahora que está lleno de nosotros.

Y de todas las veces que nos recogió,

humilde y amable.

Como tú.

caídos

Ésta fue mi casa.

La nuestra también.

Ésta fue mi sombra,

que compartimos sin preguntas.

Y ésta la ventana

desde la que contemplábamos el mundo.

Una mañana te fuiste y no hice nada.

Solo me asomé,

como otras veces.

Y solo vi tu espalda.

a salvo

Hay momentos entre paréntesis.

Lugares donde existir.

Espacios entre los mundos,

en los que me refugio cada madrugada.

Atisbo desde allí las otras esquinas.

Y suspiro con el sabor

de las lágrimas en la garganta.

No busco seguridad,

ni persigo escondites.

Sólo grietas para contemplar

con otros ojos,

el presente donde habito.

de espaldas

Cuesta vivir de espaldas.

Nacen jorobas en la frente.

Cejas entre los omóplatos.

Y dientes en los talones.

De espaldas, no se ven las colinas.

El mar se escapa por el rabillo del ojo

y pasa de largo, rozándote el pelo.

Cuántas olas perdidas…

Cuántas palabras contra tus labios…

Cómo anhelo el horizonte, mientras contemplo los zócalos de todo.

Aprender a darme la vuelta.

Vivir de frente. Amar de frente.

Besar de frente, mirándote a los ojos…

Y reconocer las alas en mi espalda.

desencuentros

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Ella soñaba con zapatillas y sopa.

El, con vino y sonrisas.

Ya en casa, la cazuela la observó

con su ojo vacío.

 

Frente al espejo,

los labios de él dibujaron sólo una mueca.

Pero mucho antes,

en aquel vagón,

vivieron un amor sin palabras.

Un pin pon de miradas,

sonrisas, vinos y sopas

que nunca se tomarían juntos.

Y eligieron mirar hacia otro sitio.

 

 

 

dos

Conviérteme, amor, en otra,

una que no te conozca,

una que no te recuerde.

Ámame, amor, como a otra,

pues no se quién soy,

ni de quién.

He olvidado tus labios, tu tacto.

He olvidado tu nombre y el mío.

Ya no quiero ser yo,

para que tus dedos me descubran de nuevo.

Ámame amor, otra vez.

Y recuerda lo que ya no somos,

lo que nunca fuimos.