palabras

Ser sereno.

Nada en la nada.

Bebe lo breve.

Vibra en la vida.

Halla la llama.

Las palabras son la clave

de lo que no sirve.

El vino que nos llena

de aire la boca.

Un sabor a talco que se diluye.

Mis palabras.

Las que no mojan tus labios.

Las que nunca te dije

y ahora o nunca escucharás.

Mis sonidos más oscuros

sin trampas ni lágrimas

tiñen hoy

este vacío añil, por decir algo.

Sin palabras te amé

porque no supe hacerlo

de otro modo.

Y hoy todo lo que me queda

bailotea entre signos

que ya no entiendo.

Te las regalo.

esperas

Aconteció en esa época en la que no quedaban cisnes ni juncos.

Nos buscábamos en islas adormecidas de la ciudad, como náufragos que sólo se leían en los ojos del otro, enormes playas rotas por las olas.

Sin esquinas, a veces nos perdíamos flotando delante de un café o removiendo las hojas en los jardines. Mucho viento, mucho frío.  Y nuestras manos que se besaban, los dedos reviviendo el latido de los corazones.

Pájaros sin nido, encontrábamos migas debajo de las sábanas, detrás de las puertas grises de la memoria.

Y nos enamoramos de tanto esperarnos, dentro y fuera de la nada. Pero nunca nos importaba.

 

las horas muertas

Las horas se deshicieron en risas.

Primero, cálidas y luego azules.

La ventana se abría a las nubes

y cada día era inacabable.

Por los minutos nos deslizamos,

desnudos de piel,

el alma abierta al suspiro y al miedo

de los que se saben humanos.

Pero no hubo sino besos y tinieblas de algodones

en medio de la nada más soleada.

Devoramos los segundos como gotas de miel.

Los tejados se cubrían de terciopelo

y el reloj se detuvo sólo

para que escucháramos

su silencio.

Nos dimos las manos,

el orgullo,

el aliento.

Todos nuestros recuerdos

volaron por la ventana.

Y nos bebimos el tiempo.

 

inicios

Cuando amas y comienzas,

al mismo tiempo sigues.

Te encadenas a una historia

llena de amor.

No el tuyo, ni el mío,

sino el de todos.

Cuando eliges amar,

te envuelve el hálito de lo eterno.

Y navegas por mares embravecidos

en una frágil barca,

sintiendo que el mar es más grande

de lo que jamás fueron tus sueños.

Sin amarres, sin timón,

ni siquiera salvavidas.

Porque en el amor sólo vale

el valor del navegante

y sus ganas de agua infinita.

 

Para Blanca, marinera valiente.

 

de pie

Tengo todo el tiempo para tomar asiento,

pero no lo hago.

Sentarse es como dejar de estar vivo.

Prefiero morir un poco cada día

caminando lentamente.

Tengo la lengua fácil,

el pie ligero

Me alumbran soles y me alimentan sombras.

La vida huele a hojas y se agita

como un cachorro mojado.

Contemplo este banco y no me siento.

Imagino a esa otra yo adormecida

suavemente,

la piel curtida por el sol.

Sola,

la espalda contra la piedra.

Y descubro la grandeza de sentarme.

 

 

deshojándome

 Foto de Matilde de Losada.

(Gracias Matilde, por poner imagen a un sentimiento)

 

De las hojas me llevo la textura,

la levedad que me eleva y zarandea.

Me deshojo en la vida

para recorrer esquinas y rozar aceras

con las alas ligeras de mis contornos.

Y pienso en lo que no soy,

mientras beso las ramas más altas

y desciendo al terciopelo del asfalto

con mis zapatos crujientes.

Tan fácil es dejar que el viento me baile,

como arañar los cristales de las ventanas.

Siempre yo, leve, ligera,

con la certeza de vivir en cualquier parte

y morir cada día,

en cada esquina de todos los universos.

azahar, poemacuento

Se levantó a las cuatro.

A las cinco, tenía la furgoneta rebosante de naranjas.

A las seis, estaban dispuestas en cajas de madera con la leyenda: “Cosas del Azahar”.

De seis a siete, meditó mientras contemplaba toda aquella simetría de rabitos, esferas doradas y aromas de huerta valenciana.

Podía existir algo más hermoso?

A las siete cuarenta y cinco hizo el reparto en aquel domicilio. La conoció.

Y su pregunta encontró una respuesta a las ocho.

esquinados

Teníamos una vida,

una esquina y dos relojes

que marcaban la hora con siete minutos de diferencia.

Ese fue siempre nuestro amado desajuste.

Tus segundos y los míos se desencontraban

cada día, en la misma esquina.

Y tu sombra se cruzaba con la mía cuando llegabas.

Yo me alejaba, camino de la casa

donde jamás nos encontrábamos.

Tu acariciabas la piel que me dejaba colgada en el armario

y me ponía, al día siguiente,

repleta de besos.

Yo te planchaba las camisas

con la mirada perdida,

preguntándome a quien pertenecían.

Jugamos a ser una pareja

sin saber que teníamos aún

los nombres por estrenar

Y la vida todavía no nos había encontrado.

 

de caricias y besos

No me besaste nunca sin acariciarme.

Las manos eran pájaros viejos

que no tenían filos,

sólo plumas de aire.

No me tocaste nunca sin decirme niña.

porque eso fui yo siempre a tu lado.

Me contabas palabras y sombras,

hablándome en un idioma que desconocía,

porque tu vida estaba en otra parte, siempre.

Tuve que aprender a olvidar tu pasado,

cuando te marchaste un día,

sin despedirte.

afilándome

Me afilo cuando los amaneceres me oscurecen.

Alargo las entrañas hacia adentro

curioseando lo que me identifica.

Separo mis realidades en divinas secciones,

y saboreo lo más sagrado que atesoro.

Me descubro ligera, flotante,

una medusa aérea

que cabalga las profundas cavidades del yo.

Rodeada de algas danzantes,

me aferro a las esquinas del alma,

porque soy criatura marina y temerosa,

por mucho que las sirenas me susurren al oído.

Es entonces que me ilumino

en lo más hondo del miedo,

alargándome como coral afilado.

Con el filo de lo que me asusta

corto mis ataduras.

Y salto.