juegos

Si jugamos a la carne

mansamente,

delimitando márgenes

con besos,

seguramente

no encontraríamos bordes

ni fronteras,

solo tierra de nadie

o simplemente,

tuya y mia,

un territorio vasto

desnudo de horizontes,

donde reconocernos

al caer la tarde,

puntualmente.

perfiles

No se dónde empieza mi sombra

o dónde acabo yo.

La vida me sigue como un perro

que no sabe detenerse,

olisquea mis pies y lame los dedos,

me enerva con sus caricias torpes

y me llora cuando muero,

cada noche, entre las sábanas.

 

No se porqué sueño con perfiles

que se enredan en mis tobillos.

Sombras, sonidos y ecos

de lo que no comprendo ni me conoce.

Están ahí, porque los veo.

Y ellos ¿me ven a mi?

Sabe el borde de la cama quién soy?

Afino el oído y la mirada

para sorprenderlos en la noche;

los persigo por las esquinas de la mente,

atesoro sus huellas

y se me escapan,

dejándome sólo el filo

de su contorno.

 

Así que me dejo llevar,

me vuelvo yo misma perfil,

borde, alero y hasta humo,

porque ni encuentro mi forma a veces

ni el color de mis ojos en el espejo.

 

Entonces es cuando descubro

que mi levedad es aparente

y el peso que me conforma

es el mismo que me sostiene

sobre la tierra,

que mansa,

me recoge y se me clava en los pies,

para avisarme.

 

 

signos

Hay palabras que nos unen,

como cadenas de luz.

Son las que me gusta paladear en silencio

y repetir en voz alta,

cuando ya son mías.

 

Palabras compañeras de viaje,

con puntos y comas

para arropar un te quiero

y puntos finales para las despedidas.

 

Hay guiones entre los que vivimos,

puntos suspensivos que me gustaría explorar,

palabras azules para dejarte en los labios.

 

Porque sólo hay eso,

regalos de la lengua en los oídos,

cielos, lágrimas y palabras,

más palabras,

siempre las palabras

y la piel que se extiende entre unos y otros.

desde el agua

En ese lugar
donde el agua era más cristalina,
brotó el cuchillo.

Con él me corté la lengua,
para que las palabras fluyeran en silencio.

Después, liberé mis manos,
y descubrí la suavidad de las muñecas.

Luego tallé un corazón dentro del mío,
y el viento lo traspasó de golpe.

Y cuando quise vaciar mis ojos,
el cuchillo se deshizo en el fondo,

donde nada pesa y el barro es más puro.

microondas

En la mañana tibia

una nota limpia

afilada en metal,

escinde el aire

y me habla con el sonido más humilde.

La ternura que siento es infinita.

Un universo entero

brilla en el fondo de la taza.

Y todo se condensa en este instante,

el plato reposando sobre el hule,

el borde hecho de humo,

los labios asomados al abismo,

y el núcleo del hogar en torno al cuerpo.

 

En el mismo segundo,

girando al ritmo de los soles

en un planeta breve,

los seres se alimentan y renacen,

muertos de amor y de deseo.

 

Me pregunto

cuánto amor debemos cocinar

para convertir las ondas de lo que somos

en luz o cristal,

albergando la vida

en lo más hondo,

al abrigo de aquello que nos une.

 

 

a la noche

A la noche,

a la noche y sus alas,

aligerando las líneas

y los contornos

para que no haya nada.

Noche de hilos de luna,

de ilusiones y luces vagas.

Noche lavada de estrellas

noche sin dientes,

pura noche desnuda,

para que no te sueñe,

para que no te duerma

bajo la almohada.

A la noche de olas blancas,

de lazos y olores,

y al vaivén que se eleva

desde los labios y alumbra el alma.

A esta noche y a todas las mías.

A tu noche trasnochada de besos.

A mis días,

tan llenos de noche,

que me apagan la luz

al alba.

 

 

resbalando, poemacuento

No es cuestión de caminar erguido.

Se puede resbalar

plácidamente,

y dejar que los pies

se hagan de hielo

sobre las aceras.

Un hombre se tornó escarcha

cuando olvidó el canto de su alma

y las cigüeñas le vaciaron la mirada.

Pero aprendió a resbalar

Cantando con labios nuevos

las viejas canciones.

Los hilos de su historia le envolvieron,

tiñendo de blanco sus pensamientos.

Cuando quiso caminar al alba,

Ciego y hambriento de luz,

no encontró sus huellas.

Habían volado lejos,

como pavesas o copos.

Extendió los dedos para acariciarlas.

A sus pies se desplegó un mensaje,

desnudo y caliente.

Y le quemó las plantas.

de amor y peces

Me preguntas el nombre y me conviertes

en otro ser que la memoria esquiva.

Miras sin luz, enciendes lengua viva

y apagas el deseo de otra muerte.

Juegas con Dios, te aferras a tu suerte,

a esa presencia de la piel altiva,

al olor de la luna fugitiva

y al ritmo de los huesos, que es tan fuerte…

Y con un canto de flores me redimes,

te abres paso con besos sin ruido,

los labios sellas, los sentidos meces.

Quién eres, me preguntas sin voz, dime…

Yo olvido lo que soy o quién he sido

y me sumerjo en el estanque de tus peces.

palabras

Ser sereno.

Nada en la nada.

Bebe lo breve.

Vibra en la vida.

Halla la llama.

Las palabras son la clave

de lo que no sirve.

El vino que nos llena

de aire la boca.

Un sabor a talco que se diluye.

Mis palabras.

Las que no mojan tus labios.

Las que nunca te dije

y ahora o nunca escucharás.

Mis sonidos más oscuros

sin trampas ni lágrimas

tiñen hoy

este vacío añil, por decir algo.

Sin palabras te amé

porque no supe hacerlo

de otro modo.

Y hoy todo lo que me queda

bailotea entre signos

que ya no entiendo.

Te las regalo.

las cuentas claras

Cuando la conciencia se estremece

y nos eleva en los hilos de la infancia,

recordamos canciones de talco y hierbabuena,

golondrinas como saetas

y caramelos en los bolsillos.

Éramos los mismos con almas ligeras,

entonando canciones prendidas del cielo

a la hora de los bordes dorados.

Elegimos los momentos, nunca los caminos.

Somos valerosos guerreros del presente.

Armados de lágrimas, sueños y cadenas,

avanzamos,

dibujando día a día nuestra historia

con tizas de colores antiguos.

Aquellos que entonces nos mancharon los dedos

y ahora nos definen

a la dulce hora de bordes apagados.