dos mundos

Sólo veo dos. Pero son más.

Estos, me acompañan ahora,

Alimentándome de blanco y espuma.

No entiendo un mundo sin mundos.

Acepto que he de morir, algún día.

No me llevaré nada, salvo aquello

que se guarda en el alma

y sabe a sal, vino y sangre.

Mi esencia se baña

en todas las esencias.

Cada mundo esconde otro.

Cada día me escondo de mí misma,

para despertar de nuevo.

Una mañana tras otra.

afilándome

Me afilo cuando los amaneceres me oscurecen.

Alargo las entrañas hacia adentro

curioseando lo que me identifica.

Separo mis realidades en divinas secciones,

y saboreo lo más sagrado que atesoro.

Me descubro ligera, flotante,

una medusa aérea

que cabalga las profundas cavidades del yo.

Rodeada de algas danzantes,

me aferro a las esquinas del alma,

porque soy criatura marina y temerosa,

por mucho que las sirenas me susurren al oído.

Es entonces que me ilumino

en lo más hondo del miedo,

alargándome como coral afilado.

Con el filo de lo que me asusta

corto mis ataduras.

Y salto.

a salvo

Hay momentos entre paréntesis.

Lugares donde existir.

Espacios entre los mundos,

en los que me refugio cada madrugada.

Atisbo desde allí las otras esquinas.

Y suspiro con el sabor

de las lágrimas en la garganta.

No busco seguridad,

ni persigo escondites.

Sólo grietas para contemplar

con otros ojos,

el presente donde habito.

de espaldas

Cuesta vivir de espaldas.

Nacen jorobas en la frente.

Cejas entre los omóplatos.

Y dientes en los talones.

De espaldas, no se ven las colinas.

El mar se escapa por el rabillo del ojo

y pasa de largo, rozándote el pelo.

Cuántas olas perdidas…

Cuántas palabras contra tus labios…

Cómo anhelo el horizonte, mientras contemplo los zócalos de todo.

Aprender a darme la vuelta.

Vivir de frente. Amar de frente.

Besar de frente, mirándote a los ojos…

Y reconocer las alas en mi espalda.

rompiendo

Contra las rocas,
contra el viento. Arremeter con los fantasmas de espuma blanca, los que brotan de dentro y quieren ahogar y ahogarse.

Contra las rocas,

contra el viento.

Arremeter con los fantasmas de espuma blanca,

los que brotan de dentro y quieren ahogar y ahogarse.

Romper con los dedos afilados,

negros dedos mojados de lágrimas.

Romper con la que fui y no quiero seguir siendo,

harta de olas y arenas.

Dejar que el cuerpo se espume,

el alma se ablande y las cáscaras del corazón

se trituren en carcajadas de gaviotas.

 

dos

Conviérteme, amor, en otra,

una que no te conozca,

una que no te recuerde.

Ámame, amor, como a otra,

pues no se quién soy,

ni de quién.

He olvidado tus labios, tu tacto.

He olvidado tu nombre y el mío.

Ya no quiero ser yo,

para que tus dedos me descubran de nuevo.

Ámame amor, otra vez.

Y recuerda lo que ya no somos,

lo que nunca fuimos.