palabras

Ser sereno.

Nada en la nada.

Bebe lo breve.

Vibra en la vida.

Halla la llama.

Las palabras son la clave

de lo que no sirve.

El vino que nos llena

de aire la boca.

Un sabor a talco que se diluye.

Mis palabras.

Las que no mojan tus labios.

Las que nunca te dije

y ahora o nunca escucharás.

Mis sonidos más oscuros

sin trampas ni lágrimas

tiñen hoy

este vacío añil, por decir algo.

Sin palabras te amé

porque no supe hacerlo

de otro modo.

Y hoy todo lo que me queda

bailotea entre signos

que ya no entiendo.

Te las regalo.

las cuentas claras

Cuando la conciencia se estremece

y nos eleva en los hilos de la infancia,

recordamos canciones de talco y hierbabuena,

golondrinas como saetas

y caramelos en los bolsillos.

Éramos los mismos con almas ligeras,

entonando canciones prendidas del cielo

a la hora de los bordes dorados.

Elegimos los momentos, nunca los caminos.

Somos valerosos guerreros del presente.

Armados de lágrimas, sueños y cadenas,

avanzamos,

dibujando día a día nuestra historia

con tizas de colores antiguos.

Aquellos que entonces nos mancharon los dedos

y ahora nos definen

a la dulce hora de bordes apagados.
 

 

esperas

Aconteció en esa época en la que no quedaban cisnes ni juncos.

Nos buscábamos en islas adormecidas de la ciudad, como náufragos que sólo se leían en los ojos del otro, enormes playas rotas por las olas.

Sin esquinas, a veces nos perdíamos flotando delante de un café o removiendo las hojas en los jardines. Mucho viento, mucho frío.  Y nuestras manos que se besaban, los dedos reviviendo el latido de los corazones.

Pájaros sin nido, encontrábamos migas debajo de las sábanas, detrás de las puertas grises de la memoria.

Y nos enamoramos de tanto esperarnos, dentro y fuera de la nada. Pero nunca nos importaba.

 

de dorados y púrpuras

No hay dorado que no brille,

ni púrpura que no sangre.

La vida se mueve

entre ambos colores,

vibrante hoja donde nos escribimos

al abrir los ojos,

envueltos en la luz y el cálido zumo del vientre.

Alargando la mirada

conectamos con lo más hondo,

ese punto que nos hace infinitos.

Átomos de amor en oro adormecidos.

Vibro y mi sangre se vuelve luz.

Respiro.

 

esa noche

Esa noche,

me olvidé del amanecer.

De la lluvia, la suavidad,

de tu pelo y mi piel.

Esa noche, no hubo yo.

Ni luces, hojas o sonidos.

Olvidé mis pasillos y escaleras.

Me perdí en lo que no era.

Y nada era mío.

En esa inmensa noche,

me deshice.

Respiré oscuridad.

Con otras alas, me recompuse.