tombuctú


Donde el camino se desdibuja
y se convierte en horizonte
A esa hora
en que las mariposas
se desvelan
y solo resuena en el aire 
el eco del olvido

Allí donde las sirenas
se peinan con púas de ballenas
y olvidan sus escamas en las rocas
diré tres veces
tu nombre 


Tombuctú
Tombuctú
Tombuctú


Y desataré 
todas mis velas
morderé el aire
batiéndome en mil fuegos
hasta desvelarte
por completo
lejos del océano 
que eres
que soy

Y lejos

mucho más lejos

ya ni lo recuerdo


tu voz desnudará vientos
hasta llegar a mi orilla
vestida de redes
arena y espumas
despertándome
una vez
y otra
anegándome
hasta reconocer
en lo más oscuro
la primera mirada


Y volveré a ser yo
solo yo
inmensamente

yo 


en una playa

en esa playa

que me recoge

y donde nunca dejo

de encontrarme

verdad (y otras mentiras)

Es una esfera imperfecta,

un deja vu sereno

la tibieza que se eleva desde el centro

con sabor a heno y a tinieblas

Un cascabel que agita el cielo

es el color de las encinas

el dolor de la sal

cuando escuece en la lengua

Son las palabras

que golpean

puntas de cristal

que me abren en dos

en tres

en cientos

tallada por tanta verdad

que anhelo las mentiras

algodones que echo a volar

cuando despierto

y por qué no

besos que lanzo al aire

mariposas locas

por puro placer

de liberar lo que guardo

y no comprendo

Son en fin

mis verdades solas

náufragas de tierra

donde anclarse

para dormir

el sueño de estar viva.

del tiempo

Se han caido

las horquillas del tiempo

y la melena

se libera sin rumbo

por las rendijas

de las horas

Hay humo blanco

de segundos

que se agotan

de sueño

Todo está aquí

siglos y meses

me cubren

como una manta suave

Voy descalza

por senderos antiguos

pensando en

el vientre del que procedo

nacida ahora

anciana de sombras

mil veces enredada

en esta hora

misma y breve

eterna de silencios

donde las margaritas

crecen al revés

buceando sus corolas

hacia la tierra.

Me dejo mecer

sin pausas

curvándome

en todos los sentidos

Más sabe el aire

de mí

que yo misma.

de caballos y cometas

(Por amor a Patty S, que siempre viene al rescate cuando la necesito)

Dura es la roca

mis cascos relinchan

chispas de luz

y yo galopo

galopo

mordiendo la piedra

con fuego ardo

con rabia

galopo

por mi deseo insano

de rasgar el camino

si pudiera mordería las nubes

para dejar mi aliento en ellas

galopo

galopo y río

de mi

de mis yoes

de mis vidas

como cáscaras

quedan atrás

y me bebo las lágrimas

y me bebo

los propios labios

a carcajadas

hiero el aire

con mis pulmones

y dejo estela

estela de oro

y piedras molidas

como el cometa

que jamás se detiene

porque detenerse

es morir

pulverizado.

estrella

Sabiendo lo que soy

no me extraño aún

de no quemarme viva,

ni a otras pieles.

Creo que las piedras y cristales

son más suaves que yo,

pero aún sabiendo,

he decidido hacerme agua de luz,

entibiar las noches

con nebulosas grises

y apuntilladas,

reorganizar mi estela,

acunando mi masa de tal modo,

que los musgos aniden a sus anchas

y las luciérnagas se apaguen

con mis cantos.

No soy sirena, pero cruzo los mares

negros del cielo

abriéndolos en dos para tocar el fondo

y acaricio la plata de la luna

en todas las escamas de los peces.

He de decir, en fin, que nunca lloro,

fulmino las lágrimas a besos

y me deslizo sin miedo entre tus brazos

cuando cierro los ojos

y me sueño.

terciopelo

Ese terciopelo

que me acaricia

por dentro

regando todos mis rincones.

Ese anclaje a lo denso

lo que palpita

y muere cada día

sin elevar la voz

abriéndose paso por las venas

al galope templado.

Ese rojo oscuro

líquido de dioses

donde se escriben

las notas de mis antepasados

y las canciones que entono

a mi manera

como un canto de aves

o murciélagos

ebrios de noche y círculos.

Esa gota infinita

que jamás me abandona

y que comparto con los mios

para descubrirme en ellos

espejo de amor y adene cósmico.

Cuánta sangre tengo todavía

para ilustrar mis días

y doblegar los años.

Cómo se pasan las ojas

del libro que escribo en mi piel.

Cada página un suspiro.

Cada punto y aparte un comienzo.

Ya no creo en las comas

no enumero

simplifico las aches

me bebo las mayúsculas.

Creo solo en el poder de la sangre

que a bocanadas

me regalo

cada día que amanezco.

Y agradezco.

*Pido excusas a la RAE por beberme la h de este poema y comerme las comas.

a la luz

Hay modos de elevarse

que solo te mecen y te alejan

de tus verdades, de quienes amas,

de lo que aterra o estremece.

Hay formas de decirnos

te deseo,

o ya no,

evitando el roce tierno

de la carne en la mano o en el labio.

La boca tiene tanto que aprender,

y el alma ya lo sabe,

pero a veces actúa de mordaza,

para impedir que la lengua estalle

en todas las palabras que pienso para nada.

 

Sería tan fácil subir por esa luz que me acompaña

y dejar de acompañarlo todo.

Fácil beber el arco iris de un solo trago

y olvidarme del tacto de tus manos,

el peso de tu cuerpo

o tu voz cuando me llamas.

Entonces recuerdo mi nombre,

de golpe

y descubro la sombra de tus besos.

Al abrigo de esa luz,

de tanta luz

que contemplo de frente,

me alimento,

aprendiendo un poco cada día

a entrecerrar los ojos,

por prudencia.

 

congelada

Hace tiempo, me enamoré del hielo.

Del color sin olor,

del fuego frío,

el alma entumecida

y la piel dura.

Cada noche, me acostaba

en el frío ropaje de la nieve.

Conocí el invierno en mis entrañas,

y escarché mis huesos

con el aroma de los nidos vacíos.

Era yo feliz,

otra,

iluminada por témpanos,

besada por orugas

que daban luz gris a mi piel

sin preguntarme nada.

Dejé de hablar,

porque el vapor del aliento

enturbiaba mi reflejo

en los cristales.

Simplemente callé

y mi otra voz,

oscura, negra,

la voz que me cantaba

cuando caía el sol,

me reveló secretos que brillaban

bajo la tierra.

Prendí fuego a mis ropas,

y desnuda de fuera adentro,

vivo ahora.

Me reconozco

en las esquinas de cada día

y tiemblo.

Pero ya no tengo frío.

donde las olas

Estoy aquí

donde el aire se vuelve azul

para morir flotando

La piel ya no resiste más recuerdos

y me deja libre

roto el borde de mi sombra

Este cuerpo ya no oculta nada

los ojos se duermen hacia adentro

ajenos a las luces

explorando las oscuridades

donde resido y callo

Es frágil, mi cuerpo

cuánto me ha ofrecido

y cómo lo he alimentado

Ahora tiembla mientras se me escapa

cáscara amorosa

de lo que ya no soy

Sin huesos que lo sostengan

sin besos ni lágrimas

lo ha olvidado todo

y no se encuentra

salvo en esta calma

vacía de ecos o perfiles

He regalado al cielo

el dolor de los músculos

el color de la sangre

todo lo que fui y podría ser

para quedarme aquí

en los huecos del aire

que todavía respiro

Donde no cabe nada

y se vierte mi mundo

suavemente

en olas que van y vuelven

Y

no

se

acaban

nunca.

resbalando, poemacuento

No es cuestión de caminar erguido.

Se puede resbalar

plácidamente,

y dejar que los pies

se hagan de hielo

sobre las aceras.

Un hombre se tornó escarcha

cuando olvidó el canto de su alma

y las cigüeñas le vaciaron la mirada.

Pero aprendió a resbalar

Cantando con labios nuevos

las viejas canciones.

Los hilos de su historia le envolvieron,

tiñendo de blanco sus pensamientos.

Cuando quiso caminar al alba,

Ciego y hambriento de luz,

no encontró sus huellas.

Habían volado lejos,

como pavesas o copos.

Extendió los dedos para acariciarlas.

A sus pies se desplegó un mensaje,

desnudo y caliente.

Y le quemó las plantas.