esquinados

Teníamos una vida,

una esquina y dos relojes

que marcaban la hora con siete minutos de diferencia.

Ese fue siempre nuestro amado desajuste.

Tus segundos y los míos se desencontraban

cada día, en la misma esquina.

Y tu sombra se cruzaba con la mía cuando llegabas.

Yo me alejaba, camino de la casa

donde jamás nos encontrábamos.

Tu acariciabas la piel que me dejaba colgada en el armario

y me ponía, al día siguiente,

repleta de besos.

Yo te planchaba las camisas

con la mirada perdida,

preguntándome a quien pertenecían.

Jugamos a ser una pareja

sin saber que teníamos aún

los nombres por estrenar

Y la vida todavía no nos había encontrado.

 

9 respuestas a “esquinados

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