puertas

Abiertas, siempre, porque no hay miedos para cerrarlas.

Con las manos,

he abierto cientos.

Con el corazón,

muy pocas.

Como barbazul

atisbo las prohibidas,

y compruebo inocente su inocencia.

De nadie me esconden,

salvo de mi misma.

Ya no guardan

ni protegen

desde aquel día,

cuando abrí la última

y era de papel.

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